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Cada pueblo, ciudad, capital y país tiene
su cultura propia y de recibo es que la defienda, a capa y espada.
Hay países más beligerantes en este tema cuando se
ven atacados y otros menos. España es un caso raro en este
sentido ( en otros también) que, puestos a pensar como país,
podríamos aprovechar para beneficiarnos (raro=diferente) pero
que puestos a pensar como españoles que somos, lo aprovechamos
para destruirnos cada día un poquito más.
Porque la
cultura y singularidad de una zona la forman aquellas cosas que la
hacen diferente a las demás y que se han ido constituyendo
con el paso de muchos años, tantos que , han pasado a formar
parte de su historia.
Por eso cualquier país mira como propia
de su historia nacional cualquier acontecimiento de guerra o paz
en cualquiera de sus tierras, cualquier catedral o monumento en general
de cualquiera de sus regiones, cualquier paisaje extraordinario o
cualquier diferencia notable en cualquier recóndito lugar
de su territorio nacional. Para ello han luchado como cosacos sus
gentes durante guerras y guerras a lo largo de la historia con el
fin de tener cada vez más territorio y con ello más
poder. Pero aquí aparece España con
sus españolitos,
con una cultura milenaria y con una riqueza cultural poco inigualable
por otros países. Podríamos ser la envidia de Europa,
la envidia de América, la envidia de Asia y la de África
. Pero por algún motivo educacional, de evolución,
de tara física o mental, decidimos que, pudiendo ser más,
vamos a ser nada. |
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A los escolares
pequeños, dado lo poco que
tiene desarrolladas sus estructuras mentales, hay que aclararles
que España no es algo que exista como tal físicamente,
que se pueda tocar y pisar o un sitio al que se pueda ir. Me aclaro,
ellos entienden que están en Valencia, por ejemplo, y que
pueden ir a Madrid, pero no entienden que no se pueda ir de Valencia
a España y alguno me he encontrado algo angustiado porque,
siendo español, nunca ha ido a España. Esto que es
tan gracioso a estas edades, que nos hace reír porque nos
deja clara constancia de lo bonita que es la inocencia infantil,
es lo que les ocurre a muchos españoles con su cultura. No
han pasado de una edad mental de 9 años y siguen inmersos
en dudas propias de la infancia. Creen que cada catedral y cada paisaje
y cada monumento y cada lengua forma parte de su región, pero
no de España, porque ellos “nunca han podido pisarla” y
así cada zona mira a la vecina con rabia y reafirma el concepto
abstracto de España. Y entonces, a algunas personas de corta
edad mental se les ocurre que lo más chupi para que todos
los de su zona aprecien su cultura es imponerla.
Empiezan a obligar
a que los escolares den las clases en las catedrales y todos los
días autobús viene, autobús va, obligan a que
los escolares veraneen en paisajes reconocidos de interés
en su zona para que los conozan, diciendo adiós a las vacaciones
que cada familia tenía organizadas para sus hijos, obligan
a que las mates se aprendan utilizando la tiza y la piedra propia
de la zona y las unidades de masa con la romana, dejando de lado
para siempre los folios, los bolis, las calculadoras y los ordenadores,
obligan a que el inglés vaya desapareciendo de las aulas porque
eso sería imponer una cultura extranjera, obligan a a que
el español se aprenda como el latín, como una lengua
muerta que en un momento de la historia cultural de la zona quiso
conquistar la suya propia y que hay que recordar como el franquismo
o el nacismo, que estuvo ahí pero que es mejor olvidar y obligan
a que se adopte como propia para todos una lengua
minoritaria, propia
de la zona, que poca gente habla y que forma parte de su cultura. |
Imposicion cultural España |
Y es que esto que no tiene sentido
y que ironiza los extremos, es lo que se está haciendo con
la riqueza cultural de España. No se puede imponer la cultura
propia de la zona hasta el punto de que forme parte de la vida
cotidiana de sus ciudadanos y de que obligue a los mismos a cambiar
los hábitos propios,
familiares y sociales bajo amenazas de “muerte social”.
Las lenguas de cada zona forman parte de la riqueza cultural del
país al que pertenecen y tienen el estatus cultural de una
catedral, de un paisaje o de un acontecimiento histórico propio
del país. Cosas que no dejaríamos que nos quitasen,
ni nos insultasen pero que, debido al mal uso que se hace de estas
lenguas regionales en cuanto a su imposición elevada al máximo
exponente, se han convertido en un lastre para España porque
la riqueza cultural del país es una fuente de ingresos para
el mismo dado el interés
turístico que despiertan (entre
otras cosas) y los intercambios beneficiosos que ofrecen con otros
países. Pero a España le cuesta cada año
6.000 millones de euros mantener unas lenguas
autonomicas que son motivo de discordia, motivo de odios,
motivo de rencores y motivo, en general de enfrentamientos propios
de países
africanos, caciquistas y tribales.
Las lenguas
regionales son parte
del patrimonio nacional y como tales hay que cuidarlas tratarlas
pero ni son iguales al español
en ninguno de sus tratamientos, ni tienen el mismo estatus social
y cultural, ni pueden imponerse hasta las entrañas porque
los pensamientos son propios de cada persona y ahí es donde
realmente cuenta la lengua que usamos, todo lo demás son imposiciones
políticas con las que aprendemos a vivir.
Cuando cada vez huimos más
de las sociedades endogámicas y buscamos la apertura a nuevas
experiencias, a nuevos puestos de trabajo, a movernos por Europa
sin limitaciones administrativas, a que nuestros hijos tengan el
nivel de inglés que les permita trabajar mejor en otros países
y que no nos avergüencen en este tema como hacen nuestros
políticos (todos), hay un grupo de regionalistas
de 9 años mentales que,
increíblemente, nos ganan la partida. Será que nos
hizo gracias su inocencia de niños y les malcriamos. Ahora,
son adolescentes agresivos, con problemas de diversas índoles
a los que nos da miedo contradecir. ¡Qué lástima
de padres fuimos!
Rosa M. |
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