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Los imbeciles y las lenguas Valencia Arturo
Perez Reverte
- Pronúnciese «elegetebé» -
Arturo Pérez-Reverte - Hay varios cantamañanas
convencidos de que la lengua no pertenece a quienes la hablan, sino
a quienes deciden retorcerla a su antojo a golpe de guía y decreto.
Me refiero a esos individuos de ambos sexos -ellos dirían individuos
e individuas de ambos géneros- que se atreven, con la osadía
de su ignorancia, a lo que ni siquiera pretende la Real Academia Española;
que hace ortografías y gramáticas para ordenar y clarificar
la parla castellana, pero no establece prohibiciones o valores morales
-más allá de las marcas informativas vulgar, despectivo,
peyorativo, culto o coloquial- sobre lo que la peña debe decir
por la calle, en el bar donde no fuma, o en su casa. Pero hay gente,
como digo, segura de que basta poner etiquetas de incorrección
política o publicar guías normativas para que el habla
de la sociedad se ajuste, sin más, al objetivo buscado. Y como
en este país de tontos del ciruelo eso da votos, raro es quien
no acaba apuntándose por iniciativa propia -el récord
de imbecilidad socialmente correcta, aunque muy disputado, lo tiene
de momento la Junta de Andalucía- o bajo presión del
qué dirán, financiando verdaderos disparates; que luego,
presentados con mucha gravedad y esmero, reservan al político
de turno, cargo paniaguado o talibán de pesebre -a menudo se
hacen la foto juntos, encantados de haberse conocido-, un lugar en
los informativos regionales, o en los telediarios.
La penúltima es valenciana, a cargo del Consejo de la Juventud
de allí; que con la colaboración del ayuntamiento local
presentó hace un par de semanas su Guía del lenguaje
no heterosexista: curioso documento donde, junto a reflexiones oportunas
sobre la diversidad sexual y la necesidad de su reconocimiento social,
los autores también se meten sin rubor a resolver, en cuatro
líneas, complejas honduras de la lengua y su uso.
Por ejemplo,
manifestando que su objetivo es ser, modestia aparte, «herramienta útil
y directa de lucha contra el patriarcado y el heterosexismo a través
del lenguaje», a fin de que la creencia de que la gente suele
ser heterosexual y adscrita a un sexo determinado -la guía,
por supuesto, dice género- «vaya desapareciendo de la
sociedad»; por ejemplo, evitándose «esquemas que
presupongan la existencia de un padre y una madre».
Con especial
atención, teniendo presente la diversidad de situaciones familiares
actuales, a «rechazar la presunción de heterosexualidad» en
las personas. Lo que, dicho en corto, significa dirigirse siempre
al prójimo en términos ambiguos y poco comprometidos
sobre el sexo de su presunto padre y su señora madre, aunque
los tenga. Por si acaso. Y aunque el interlocutor aparente ser varón
o hembra -quizá porque lleve bigote o luzca unas tetas de
la talla 98-, no dar nunca por sentado que es una cosa u otra, no
vayamos a ofenderle la sensibilidad. Etcétera.
Los imbeciles y las lenguas Valencia Arturo
Perez Reverte
Estoy seguro de que esa pandilla de bobos socialmente correctos,
que se extiende cual mancha de aceite de oliva virgen, no se da cuenta
del lío en que está metiendo a la gente -recuerden
a la pobre mujer que habló en la radio de subsaharianos afroamericanos-.
De la confusión a que nos expone cuando mezcla conceptos lógicos
y respetables con desvaríos de género y génera,
con radicalismos idiotas que camuflan la entraña del asunto:
la necesidad indiscutible de orientar a la sociedad hacia un cambio
de mentalidad y actitudes, haciendo justicia a colectivos sometidos
al ninguneo y al desprecio.
Sin embargo, para eso hacen falta cultura
e inteligencia, elementos poco habituales en la clase política
y sus clientes subvencionados. Es más fácil apuntarse
dos capotazos en plan caricatura, tachando de reaccionario, machista
y homófobo a quien discrepe de las maneras o, con toda la
razón del mundo, se chotee del negocio. Ya me dirán
ustedes qué suerte puede correr una causa, por noble y razonable
que sea, cuando se aliña con estupideces como que es necesario
proscribir la expresión «relaciones entre chicos y chicas»,
por excluyente, cambiándola por «relaciones sexuales»;
o cuando se afirma que la palabra homosexual se usa de forma limitadora
e «invisibilidad» a las lesbianas, y debe sustituirse
de inmediato, por escrito y en el habla cotidiana, por las siglas
LGTB. Que engloban a lesbianas, gays, transexuales y bisexuales,
y además queda más corto y manejable «por economía
lingüística».
De manera que, señoras y caballeros,
ha nacido otra estrella. Según la guía valenciana,
usted y yo deberemos decir en adelante, so pena de ser llamados fascistas
homófobos, «Día del orgullo LGTB» -pronunciado
elegetebé, ojo-, «comunidad LGTB» y «LGTBfobia».
El puntazo, sin embargo, viene al final, cuando la guía se
refiere a condenables «expresiones heterosexistes com ara donar
per cul». Lo que significa que, a partir de ahora, tampoco
podremos utilizar la gráfica, rotunda y siempre útil
-especialmente en España- expresión «vete a tomar
por culo». Por elegetebefóbica. Arturo Pérez-Reverte
(Si te ha gustado, divulgalo,
el poder está en tu mano)
Masby
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